¿Sabían que desde principios de los años 90 un pequeño porcentaje de los habitantes de un pueblo en Nuevo México escucha un misterioso ruido que la ciencia no ha podido grabar?
Este fenómeno acústico ocurre en la localidad de Taos y afecta aproximadamente al 2 por ciento de la población, además de a varios turistas que visitan la zona. Quienes tienen la capacidad de percibirlo describen el sonido como un zumbido constante y sordo de baja frecuencia, muy parecido al motor de un camión diésel encendido a la distancia o al zumbido pesado de un transformador eléctrico. Para las personas afectadas, el ruido se vuelve mucho más molesto durante las noches y en el interior de las casas, llegando a provocarles problemas serios de insomnio, dolores de cabeza fuertes, mareos y altos niveles de ansiedad.
La situación llamó tanto la atención que en 1993 el Congreso de los Estados Unidos ordenó una investigación oficial para encontrar la fuente del problema. Equipos de científicos de laboratorios muy importantes, como Los Álamos y Sandía, instalaron micrófonos de alta sensibilidad y sensores en el suelo para medir ondas acústicas, movimientos sísmicos y campos electromagnéticos en toda la región. Los resultados de los estudios fueron completamente inconclusivos, ya que los aparatos de medición médica y ambiental no lograron registrar ninguna vibración extraña en el aire que coincidiera con lo que la gente escuchaba, descartando también que se tratara de fallas en las cañerías del pueblo o del ruido de las torres de alta tensión.
A falta de una respuesta clara, la comunidad científica maneja diferentes hipótesis para intentar resolver el misterio sin caer en fantasías. Algunos investigadores sugieren que el zumbido podría ser un caso especial de emisiones otoacústicas espontáneas, que son pequeños ruidos generados de forma natural por el propio oído interno humano y que muchas personas confunden con un sonido exterior. Otros expertos apuntan a factores ambientales complejos, como el roce de las corrientes de aire contra los desfiladeros del cañón del Río Grande o señales de radio de muy baja frecuencia, dejando el caso como uno de los enigmas de la percepción humana más estudiados de los últimos tiempos.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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