Cualquier tarde (bueno, también por las mañanas), en cualquier iglesia de Praga o Viena, como he podido comprobar estos días, y hablo de decenas de salas simultáneamente, se programa un concierto de la cuatro estaciones de Vivaldi. Imagino que lo mismo sucede en otras capitales europeas y me atrevo a suponer que es algo ligado al boom turístico de estos tiempos post covid.
La elección de estos cuatro conciertos sin duda tiene que ver con su carácter popular, que la gente lo reconoce como música culta "pero" amable, el estilo barroco permite además un acercamiento casual menos exigente al oyente y, también, no requiere un gran conjunto instrumental, ni en número de músicos ni tampoco en virtuosismo. Violín solista, conjunto de cuerdas y continuo...
Las cuatro estaciones no son simplemente una obra popular que los turistas reconocen; se han convertido en una especie de “unidad básica” del turismo europeo. Parte del paquete que da un toque cultureta. Una moda que viene con otras notas como lo de los freetours y las visitas guiadas. Pero eso para otro día. Saludos desde Viena.